Abismo y eternidad: más allá de la existencia
(Borrador)
CAPITULO 4: Jaula oxidada.
Era un
lugar lleno de tinieblas donde el viento no soplaba allí estaba parado Adolf, miro
y miro para todos lados pero solo había oscuridad, oyó a lo lejos un llanto acompañado
de unas palabras inteligibles, él no pensó solo camino poco a poco hasta el
origen de aquellos sonidos, ninguna emoción lo acompañaba en su camino de
tinieblas, solo una pregunta rondo por su cabeza, ¿Por qué existo? Muy a lo
lejos pudo ver una tenue luz que destacaba entre tantas sombras era como un
pequeño farol en un mar negro, sintió la necesidad de correr hasta esa luz, entre
más cerca estaba de aquel resplandor más ansioso se iba sintiendo Adolf.
El llanto
se oiga más y más fuerte esa voz inteligible fue tomando forma era dos palabras
que se repetían una y otra vez, la necesidad de correr aún más rápido broto
sobre el pero ¿Por qué? Pareció que el encontraría algo perdido si llegaba allí
¿pero qué cosa era? La luz se expandía conforme Adolf se acercó consumiendo a
las tinieblas que lo rodeaban en un puro blanco enceguecedor, aunque ya no
podía diferenciar nada siguió corriendo con todas sus fuerzas hasta que tropezó
yendo de cara contra el suelo, cuando se levantó y volvió la vista al frente
para su sorpresa se encontró con una jaula la cual parecía recién forjada, y en
su interior había una sombra la cual se le hizo muy familiar su forma, era
semejante a la de un hombre joven de contextura delgada, que emitía un aura siniestra
en forma de flamas de un color que mezclaba con armonía el negro y el purpura
estaba sentado dentro de la jaula abrazando algo mientras decía “los odio, los
odio, los odio” en su tono de voz Adolf pudo sentir el rencor y odio estuvieran
carcomiendo a esa sombra desde siempre, lo único que había diferente en esa
sombra fue unos ojos pero no eran normales sino unos de una mirada penetrante
que con solo mirarlos el comenzó a sentir que fueran suyos.
Miro lo que estaba abrazando la sombra, era un
niño pequeño de alrededor de 6 años de edad, este solo miraba al piso de la
jaula derramando un sin fin de lágrimas en un llanto desgarrador, el rostro de
el niño solo reflejaba sufrimiento además que su cuerpo desnudo estaba cubierto
por montones de horribles cicatrices y moretones, por alguna razón Adolf al
verlo comenzaron a recorrer por su mejilla lagrimas que no parecían parar solo
por su ojo izquierdo, intentaba limpiarlas pero estas no se iban seguían brotando
sin parar.
― Que es
este sentimiento en mi pecho, porque siento que he perdido algo muy importante
para mí, pero por alguna razón eso me hace sentir aliviado ―dijo Adolf,
mientras se tocaba la nuca con su mano.
La sombra clavo su mirada en Adolf y cambio
sus palabras a “ódialos, ódialos, ódialos”, se vino a la mente de Adolf unos
borrosos recuerdos, por un instante vio a una chica y chico jóvenes vestidos de
escolares sobre el último peldaño de
unas escaleras, después otro recuerdo de dos ancianos cubiertos de sangre
moribundos en el piso, y una habitación muy estrecha cubierta con pequeños
manchones rojos, cuando volvió en si, vio como ahora la jaula no era una
reluciente jaula nueva sino una vieja y oxidada jaula cubierta por todos lados
de arañazos hechos con algún objeto afilado.
Ahora la sombra comenzó a gritar junto con el
niño, los ojos de ambos se tornaron rojos y en un ojo lloraban sangre y en el
otro eran lagrimas comunes, Adolf sentía con el ambiente se tornaba más denso
la presión de aquel lugar no era el mismo ahora, él se sentía demasiado incómodo
ante los gritos de ambos, intento taparse los oídos pero fue inútil los
incesantes gritos no parecían terminar, de la nada comenzaron a emerger
criaturas similares a la sombra en forma de grotescas siluetas con unas
agiladas garras, estas cosas comenzaron a atacar la jaula sin cesar golpeándola
de manera brutal, la sombra y el niño chocaban contra los barrotes de esta tan
fuerte que pareciera que en cualquier momento podrían morir, esas siluetas
parecían más monstruosas conforme seguían golpeando la jaula, Adolf cayo de
rodillas gritando “!Paren, paren de golpearlos, déjenlos en paz!”, pero los
golpes no cesaban, al borde del colapso mental el escucho una voz masculina que
se oía muy gentil que dijo “¿porque estas tu acá?”, seguido de eso unas brillantes
cadenas doradas cubrieron a las monstruosas siluetas, y estas comenzaron a
chillar mientras intentaban zafarse de ellas sin resultados, las siluetas poco
a poco comenzaron a hundirse en el piso hasta desaparecer.
Apareció
un hombre tan resplandeciente que cegaba a la vista, era tan deslumbrante
como un sol, emitía un aura reconfortante, este se puso de pie frente a Adolf.
― denme un respiro esas cosas
cada vez que puede salen a molestar a mis protegidos, y tú no debería estar
aquí, será mejor regresarte antes que lo peor pueda pasar ―dijo el hombre, envolviendo
a Adolf con las cadenas doradas.
Adolf despertó de golpe llorando,
desconcertado no podía recordar nada de lo que paso antes por mucho que
intentara, sentía dolor por todo su cuerpo, aún era de noche cuando miro por la
ventana desde su cama, y su cuerpo aún estaba fatigado por el daño del
envenenamiento de mana, se puso en posición fetal como acostumbra dormir y de a
poco concilio el sueño.
En la mañana siguiente lo que pasaría cambiaría
su estancia en el castillo para bien o para mal.
Gracias por leer.


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