sábado, 18 de febrero de 2017

El maldito pozo de la redención - CAPITULO 1

Publicado por a.d a las 21:51



Después de seguir al hijo del gobernante hasta una carroza tan normal que me daba asco por alguna razón, estaba tirada por un caballo el cual parecía bien cuidado, él me dijo que subiera y cuando llegara a mi destino el cual no sabía, me quedara allí por dos días.
 Estaba tan destruido que me dio igual y solo subí a la carroza, uno de los soldados de antes volvió para manejar esta cosa, me senté cerré las pequeñas cortinas en ambos lados y me eche hacia atrás en el asiento, puse mi antebrazo en mi frente y llore la mitad del camino aun negando que todo lo que paso fue una ilusión.
 El ardor de mis mejillas hizo que parara de llorar en silencio, escarbando en mis pensamientos solo imágenes llenas de ternura de Erika y mi familia inundaban mi corazón el cual sentía que en cualquier momento iba a dejar de latir, era un manojo de emociones que al chocar estaban pintando de negro todo mi interior.
 Perdí la noción del tiempo no si pasaron minutos o horas, la carroza se detuvo por un momento y abre la puerta el soldado el cual estaba vestido de civil y me ofreció un poco de comida, era un pan relleno de carne y queso, cualquier hubiera visto un apetitoso bocadillo, pero solo me pareció un montón de porquería mal oliente, acepte el pan y el soldado cerró la puerta y la carroza comenzó a moverse otra vez.
 Intente comerlo, pero mi cuerpo lo rechazo de forma inmediata, deje esa cosa a un lado mío, deje caer mi frente de lleno hacia el otro asiento delante mío, el suave material amortiguo el daño, pero me quede con los ojos muertos en blanco.
 No me di cuenta, pero caí dormido en esa extraña posición, sentí que algo sacudió mi hombro, era el soldado que me dijo que bajara que ya habíamos llegado a mi destino, era de noche un hermoso y nostálgico cielo estrellado aprecie, al bajar cerré mis ojos un momento inhale profundo ese frio viento con olor a hierbas calmo un poco este pesar por unos segundos.
 Amor, Odio, esperanza, desesperación, alegría, tristeza, vida, muerte, experimente todo esto en un solo día, quizás fue el día más largo en mi vida, es tan misteriosa esta sensación que me invadió, no sé cómo describirla.
 Mire a mi alrededor y está a las afueras de una villa al parecer de no más de diez casas, las velas encendidas en los faroles colgados a las afueras de las casas era lo único que iluminaba la acogedora oscuridad, seguí al soldado el cual nunca supe su nombre ni me lo dijo ni me intereso en ese momento, me hizo entrar a una de las tantas casas y me recibieron una pareja de ancianos, el anciano parecía modesto y amigable el cual se sostenía de un bastón de aspecto humilde en cuanto a la anciana sentía ese aire hogareño emanar de ella, y ambos me dieron una gran sonrisa, no supe cómo reaccionar y cuando el aciano dijo “tú debes ser Edwin Weigel por favor pasa” solo me limite a asentir con la cabeza, el interior de aquella casa estaba cálida por una pequeña que tenían en medio de un muro.
 El soldado me dio una palmada en los hombros y comento “sigue tus deseos” y se marchó, esa fue la última vez que lo vi, ¿me pregunto qué será de él? o ¿estará muerto al igual que lo estaré yo?    
 Me ofrecieron asiento en una vieja silla tallada a mano, me quede allí y mire como ellos dos interactuaban juntos, tan amorosos y llenos de cariño el uno con el otro, volví a recordar a Erika y me imagine a nosotros dos así en unas décadas y nuestro hijo trayéndonos una taza de té caliente, no me pude contener y las lágrimas volvían a caer, volteé la mirada para que no me vieran ellos y seguí así por unos momentos.
 Ambos se fueron a la cocina que estaba en otra habitación, aun por su aspecto la casa era algo espaciosa, pero estoy seguro que me dejaron solo para no molestarme, me limpié la cara con las mangas sucias de mi ropa, no me di cuenta hasta ese momento que esas mangas ya estaban bañadas entre lágrimas, mocos, sangre, y angustia.
 Los ancianos volvieron de la cocina y la anciana me indica con señas con las manos que me dirija a la mesa la cual tenía seis sillas, me senté al lado derecho de esta, no tenía idea de cómo se vería mi cara, pero seguro era un desastre, aun en este estado podía sentir algo de vergüenza.
 Primero me fue servido un plato de sopa de patatas caliente y un trozo de pan, no sé si fue por cortesía o porque en el fondo tenía hambre, tomé la cuchara y le di una probada a la sopa, ese sabor tan familiar me hizo abrir más heridas con recuerdos punzantes, después de terminar de comer, el anciano recién me dirigió la palabra “muchacho tu estadía será breve, pero siéntete en tu casa” el anciano me conto muchas cosas sobre él y su esposa.
 El al igual que yo, también fue un militar me conto un par de experiencias y me dio unos consejos como veterano de guerra, la anciana había quedado muda debido un fuerte shock en su niñez y en su juventud fue una enfermera en el frente de batalla, ellos tenían una hija que sería un poco mayor que yo, que se fue a vivir con su esposo fuera de nuestro país y nunca más volvió a visitarlos, y así me fue contada la vida de aquellos que están pronto a terminar el sendero de la vida.
 Me ofrecieron un baño y una muda limpia de ropa, después de eso también me dejaron ocupar la antigua habitación de su hija, era normal hasta podría decir que es difícil pensar que este lugar vivió toda su vida una mujer, me recosté en la cama y caí dormido al instante, no recuerdo cuando fue la última vez que me sentí tan liberado de las preocupaciones.
 Gracias por leer

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