Abismo y
eternidad: más allá de la existencia
(Borrador)
CAPITULO 11: Grupo A.
Adolf después de volver a su habitación, fue a
tomar un baño y dormir para el día siguiente seguir estudiando o eso quería hacer
el. Durante la noche alguien con cuidado abrió la puerta de su habitación y le
quedo mirando por un largo tiempo, antes de irse del lugar susurro “el tiempo dira
si eres digno de ser llamado héroe” Adolf mientras eso pasaba dormía de manera
placida en la cama era del tipo de persona con el sueño pesado.
A la mañana siguiente Adolf siente que alguien
le toca el hombro de manera repetida, hasta que logra despertarlo, él se
levantó algo molesto “¿Qué paso? Déjame dormir un poco más” miro hacia un lado
suyo y allí estaba Beatriz con su semblante serio, pero a la vez cautivador por
su belleza “buenos días joven héroe, lo siento, pero desde hoy usted deberá
seguir una pauta diaria que la princesa Mia le ha dejado, le espero en diez
minutos en la cocina” el asintió con la cabeza, ella le hizo una reverencia y
se fue del lugar.
—Lo que me faltaba, me imagino
me tendrán entrenando como un perro para ver si tengo material de héroe o algo
así —dijo Adolf y suspiro por pensar en todo lo que se le aproxima, se levantó
de la cama y se vistió—. «solo falta que me manden a una academia magia y la
hacen, si pasa juro que quemo este maldito castillo, además ¿qué hora será? No tengo
un reloj pediré uno, pero se ve que aún es muy temprano»
Hizo su cama y partió hasta la cocina, al
llegar a esta Beatriz lo esperaba y le pidió que lo acompañara, en eso ella le
dejo un duplicado de las llaves de su habitación «ella es como si leyera la
mente» pensó él. Fueron hasta una sala que estaba a un lado de la cocina, donde
estaba lleno de sirvientas y mayordomos desayunando en unas grandes mesas, las
cuales tenían una gran cantidad de alimentos, Adolf se le notaba como miraba
con deseo la comida que había, toda la gente del lugar se levantó de sus sillas
de inmediato Beatriz apareció y la saludaron de manera muy formal “buenos días
jefa Beatriz, buenos días joven héroe” y siguieron en lo suyo “por favor joven
héroe, siéntese al lado mío” le dijo Beatriz y ambos compartieron la mesa junto
a los demás.
—Me he enterado que tiene un
buen apetito, así que coma todo lo que desee y preste atención a lo que tengo que
decirle —dijo Beatriz, y tomo un sorbo de té de forma refinada.
—Sí, le tomó la palabra —dijo
Adolf, el intento comer de la forma más elegante posible pero sus costumbres le
juraban en contra, ocupar el mismo cuchillo para todos los acompañamientos del
pan, sin querer hacía sonar un poco la boca al tomar sorbos de té entre otros
detalles que Beatriz solo observaba.
—… como le decía desde hoy usted
tendrá un plan de lo que hará en su día a día hasta que la princesa Mia lo
estime conveniente, su horario será el mismo que seguirá será hoy, además lo
acompañare a sus actividades por este día para que este al corriente de lo que
debe hacer —dijo Beatriz que miro fijo a los ojos a Adolf.
—Entiendo señorita Beatriz…
«siento que si no le hago caso me va a golpear y no de manera muy agradable» —dijo
Adolf algo atemorizado por la expresión seria de Beatriz que no se podía saber
en qué pensaba.
—Lo primero será venir aquí a
comer con nosotros, después tendrá treinta minutos libres, segundo ira al
barracón de los soldados principiantes y entrenará con ellos durante todo el
día, así mismo seguirá las órdenes de los superiores que estén de turno en el
barracón, tercero tendrá una sesión de estudio con alguien que ya he preparado
con antelación en la biblioteca durante una hora, luego cenara con nosotros y
tendrá lo que reste del día libre, ¿he sido clara? —comento Beatriz mientras
veía como Adolf seguía comiendo como si no prestara atención.
—Ya veo, recibió y enterado
señorita Beatriz —dijo Adolf quien le sonrió con restos de comida en su
mejilla.
—… «no puedo decirle que se ve
algo adorable así, parece un niño, debo guardar las apariencias eres la jefa
Beatriz» —Beatriz guardo silencio haciendo una pequeña mueca con el labio—.
Hemos terminado así que dentro de treinta minutos le espero en la entrada de
los barracones ¿sabe cómo llegar no?
—¡Así es! No se preocupe allí
estaré, hasta entonces con su permiso estuvo todo delicioso gracias —Adolf se
levantó de la mesa recogió la taza y platos que ocupe, pero una sirvienta le
detuvo.
—¡Joven héroe! No debe
preocuparse por esas cosas yo lo hago —dijo una joven sirvienta que tomo las
cosas que Adolf llevaba en las manos.
—¿Eh? supongo que solo era la
costumbre de dónde vengo, no es para tanto, si me disculpan —dijo Adolf quien
se despidió de todos y se fue.
—Es
un chico bastante curioso, ¿no les parece? —comento Beatriz que siguió bebiendo
otra taza de té.
Después de su pequeña charla Adolf fue a
estirar las piernas antes de tener un pequeño viaje al baño también él era del
tipo de persona con ese tipo de fisiología, observaba los detalles por doquier
en los pasillos del castillo, se preguntaba cómo era posible mantener un lugar
tan enorme tan bien cuidado, siguió con su prevé paseo y se encontró a la
vuelta de un pasillo a Marianette quien sostenía un par de libros en sus manos
cruzadas en su pecho, ella sorprendida lo saluda con una hermosa sonrisa “hola
Adolf ¿Qué tal te va?” el queda embelesado un momento por ella “eh… bastante bien
podría decir ¿Qué haces por aquí tan temprano Marianette?” ella le comenta que
los aprendices de soldado deben vivir durante el tiempo que están como
aprendices en los dormitorios que hay en el castillo que son dos años.
—Entiendo…
es bastante tiempo, pero antes de entrar como aprendiz ¿Qué hacías?
—Como todos iba a la escuela o
academia, gracias a mis padres estuve la suerte de ir a la academia de magia en
la ciudad, fue una bonita experiencia aprendí mucho je, je —dijo Marianette con
una expresión de alegría al recordar.
—
«Que linda chica» Es agradable
encontrar a alguien que le guste estudiar, de hecho, yo era un universitario
—dijo Adolf sintiéndose orgulloso de ese hecho.
—¿uh?
¿Qué es universitario? —pregunto Marianette doblando un poco la cabeza y miro a
Adolf con curiosidad.
—¡Verdad! «en este mundo el
termino es otro, tomare nota de esto» quiero decir era un académico de la tierra
donde vengo.
—Es raro, ya que apenas sabes
leer y escribir nuestro idioma —comento Marianette tocándose la barbilla con el
dedo índice y miro de forma leve hacia arriba recordando su anterior
conversación.
—No pensaras que estoy
mintiéndote ja, ja, ja, de hecho, mi idioma natal es similar pero aún no me
acostumbro a este, ¡ya se! ¿Tienes una pluma y algo de tinta? —dijo Adolf,
proponiéndose a hacer algo.
—¡si! Espera que esta en medio
de mis libros la pluma, la tinta tengo un pequeño frasquito en mi bolsillo, ¿me
puedes sostener mis libros un momento? —Marianette estiro los brazos con los
libros en su mano hacia Adolf.
—¿Acaso tengo opción? —Adolf encogió
los hombros un momento y tomo los libros.
Marianette le paso la tinta a Adolf y la
pluma, Adolf le pidió prestado una hoja de sus libros, pero como no podían
arrancarse de estos Adolf termino escribiendo algo en una de las hojas finales
de un libro, se apoyó con la muralla para ello, y le entrego sus cosas a
Marianette que volvió a estar equipada con sus libros.
—¿Qué escribiste?
—No sé, deberás adivinarlo esta
en mi idioma natal para que veas que no miento, si lo logras descifrar te deberé
un favor, te ayudare en lo que sea tiene mi palabra señorita Marianette —dijo
Adolf, miro hacia arriba con los ojos cerrados por un momento y con un puño en
su pecho.
—ji, ji, ji, acepto el desafío,
espero que te prepares para ayudarme ese favor lo cobrare acuérdate, creo que
ya debo irme, seguro nos volveremos a ver Adolf hasta luego —dijo Marianette
quien sonrió mostrando su hermosa dentadura mientras se inclinó de manera leve
mirando a Adolf.
—Claro, nos vemos Marianette
—Adolf quedo observando a Marianette hasta que la perdió de vista—. Que risueña
es esa chica «me parece tierna, es como ese tipo de mujer que dan ganas de
abrazarla solo al verla» veremos si logra adivinar, se lo deje fácil de todos
modos, ahora al baño creo que aún me queda tiempo, este cuerpo tan molesto que
es en las mañanas.
Después
de su viaje a los aposentos de la limpieza salió silbando una canción «la
marcha del maestro de la espada, algo así me vendría bien yendo a un campo de
batalla, algún día ja, ja ,ja» y se dirigió al lugar donde se iba a encontrar
con Beatriz, para su suerte en un pasillo encontró un reloj de madera colgado
en una muralla, miro la hora cinco para las ocho de la mañana, pensó “así que a
las siete me obligaran a levantarme a diario, que se cree esta gente, aunque
con este cuerpo se supone que debo volverme más fuerte al pasar del tiempo, ver
estado” Adolf siguió camino hasta la entrada de los barracones.
—Que bien, solo por el hecho de
existir subí algo de experiencia —comento Adolf de forma sarcástica—. Si… solo
cero coma cinco, solo soy nivel dos si fuera un par de niveles más fuerte, ni
me imagino cuantos decimales en forma de cero veré al lado de la coma.
Beatriz estaba parada en la espera que Adolf
apareciera a su espalda se apreciaba los barracones, el llego a su lado “señorita
Beatriz llego antes” a lo que responde “solo me gusta ser puntual, por favor
acompáñeme” ambos fueron hasta uno de los barracones a un lado de este a la
distancia se podía ver jóvenes chicos y chicas trotando en pistas siguiendo a
lo que pareciera ser un instructor o profesor.
—Si no mal recuerdo estuve aquí
mi primer día, pero me desmayé a los pocos minutos.
—No se preocupe, ante cualquier
emergencia tenemos un vasto equipo de especialistas en medicina y curaciones además
estará por llegar pronto doctor Mark, por hoy tendrá que ir con el cuándo
vuelva en unas horas más, olvide decirle eso, mis disculpas joven héroe —dijo
Beatriz, levanto las cejas de forma leve y se inclinó en señal de disculpas
hacia Adolf.
—No tiene que ser tan formal
conmigo, si quiere cuidar las apariencias cuando haya más gente le entenderé,
por ahora le pido que sea más informal por lo menos ahora que no hay nadie
alrededor.
—Lo siento… es mi forma de ser así,
pero si usted lo pide hare un esfuerzo, por ahora entremos joven héroe —Beatriz
entro al edificio con Adolf, y saludo a Odelia la joven esposa de Alphonse.
—Hola Beatriz, ¿qué te trae por
acá? Uh joven héroe lo veo bastante bien ¿Cómo se encuentra? —pregunto Odelia,
que estaba detrás del mostrador donde escribía algo en un libro de registros.
—Buenas días Odelia, aun no
tengo noticias de Alphonse, pero sí sé que se encuentra bien en Meria, he venido
para que el joven héroe este en el último curso de entrenamiento del grupo A,
ya te debió haber llegado el aviso.
—¡Así es! Beatriz a veces das
miedo es como si leyeras la mente de las personas—dijo Odelia, quien miro a
ambos con la palma de las manos apoyada en su cara.
—No es para tanto «siempre la
gente me mal entiende, solo me preocupo por todos» es que recuerdo las
necesidades de los demás y me adelanto es todo.
—Espero que encuentres un buen
hombre luego ¿Qué tal alguno de los comandantes o capitanes? —pregunto Odelia
con una mirada picara.
«Creo que estoy sobrando aquí»
—La mayoría es un puñado de
animales salvajes, aún tengo tiempo antes de encontrar pareja y casarme, no
olvides a que he venido Odelia —dijo Beatriz, suspiro y cerró los ojos un
segundo.
—¡claro! Fallo mío, je, je —Odelia
se golpeó la frente de forma tierna sacando la lengua un poco.
«Pensé que eso solo lo hacían
las jovencitas, si dijera eso muero aquí y ahora»
—Veamos el grupo A el que está
esperando a su instructor en la sala tres-seis —dijo Odelia, miro a Adolf que
se veía confuso—. Tercer piso cuarta puerta a la derecha —susurro ella.
—Nos veremos en un par de horas
joven héroe, suerte —dijo Beatriz, ella intento sonreírle a Adolf, aunque el
resultado fue una mueca, pero de alguna forma era cautivadora.
—Sí, nos vemos señorita Beatriz
«estas mujeres con sus sonrisas me van a matar, lo digo ¿es que solo hay
mujeres guapas en Elementaria?» —Adolf subió por las escaleras que se
encontraban a un lado de los pasillos de recepción.
—Ya se fue, no me digas que te
van los jóvenes ahora —comento Odelia, ella observo con una risa a medias y
ojos maliciosos a Beatriz—. Aunque tiene un rostro algo infantil, si tuviera
rasgos más duros como Alphonse, yo que tu voy por el ja, ja, ja, ja.
Beatriz se sonrojo completa y se acercó hasta
al lado de Odelia y le empujo el libro de registros y varios artículos del
mostrador los disperso como signo de disgusto para luego irse del lugar “amiga,
enserio es fácil romper tu caparazón” comentó Odelia que preparaba unos
documentos para Adolf una vez ordeno el desorden que dejo Beatriz. En cuando
Adolf fue observando el lugar, las instalaciones se veían bastantes simples,
pasillos pintados de blanco con las cornisas de los muros con los mismos
diseños que tiene el escudo de armas de Elementaria en miniatura, en cada
puerta de robusta madera en la parte media superior un tenían un vidrio con el
cual se podía ver una parte de la sala, y arriba de esta un pequeño letrero con
el nombre de la sala, y el piso hecho de madera lamina de similar aspecto al
piso flotante y uno que otro retrato de algún reconocido caballero estaba
colgado.
Siguió hasta el tercer piso, y fue hasta la
cuarta puerta a la derecha, Adolf se sentía un poco ansioso era como si hubiera
vuelto a su primer día en la universidad, la sensación de hormigueo en sus
manos, la respiración un poco agitada, ese sentimiento de inquieto le molesto
hasta que abrió la puerta. Una vez dentro de la sala se permaneció quieto unos
segundos observando a su alrededor, veinte jóvenes entre ellos chicos y chicas,
ordenados por cuatro filas de cinco personas, sentados en sillas de madera y
con un pupitre del mismo material.
—¡Adolf por aquí! —dijo en voz
alta Marianette agitando su mano de forma amistosa, ella estaba en la primera
fila al final de esta pegada a la pared.
Algunos que estaban distraídos clavaron sus
miradas en Adolf el cual se limitó a ir hasta el lado de Marianette, ella le
pregunto qué hacia allí a lo que Adolf le responde “supongo que desde hoy somos
compañeros” ella sorprendida junta los dedos de ambas manos y le dijo “pasaremos
el doble de tiempo juntos, je, je, je” Adolf quedo confuso, pero después de
pensarlo llego a la conclusión «entonces la persona que me ayudará con los
estudios ¡será ella!» todos los demás seguían mirando expectantes por su
conversación.
—Oye Marianette, deberías seguir
con nuestra conversación después, mira a todos ellos es muy incómodo para mí.
—Está bien, pero no te preocupes
por ellos son como mis hermanitos y hermanitas, siempre ando cuidando de ellos.
Se escuchó la puerta abrirse y entro un joven
adulto su apariencia se podría decir que tendría sobre treinta años, de mirada
feroz, un poco corpulento, vestido con la misma ropa deportiva que Adolf y los demás.
—Buenas muchachos, hoy tendremos
una lección al aire libre, vayan hasta la primera pista detrás del barracón
—dijo el hombre con tono imponente, y todos comenzaron a salir del lugar.
—Marianette, bien hecho en los
exámenes teóricos fuiste la mejor, sigue así.
—Gracias, me seguiré esforzando
—dijo Marianette y salió de las ultimas.
—¡Tu un momento! No te conozco
que haces aquí.
—¿Acaso no le dijeron que yo
vendría a este grupo? —dijo Adolf sintiéndose ofendido.
—Espera… ese ojo derecho y color
de tu cabello, tú debes ser… ¡mis disculpas señor héroe! —dijo el hombre, y
este poco menos se puso de rodillas por su error.
—¡Hombre tranquilo! No es para
tanto, solo con saber que puedo estar aquí me basta.
—Entendido, por favor no le diga
nada de esto a la señorita Beatriz o me mataran —el hombre se veía bastante
atemorizado por un mínimo error.
—Es que acaso los torturan
cuando se equivocan ¿o qué?
—Usted no conoce a la señorita
Beatriz, a pesar de verse como una bellísima dama refinada, era la segunda
opción a convertirse en general del ejército de Elementaria, es demasiado
perfeccionista y no tolera la incompetencia.
—Está bien entiendo, no me
cuentes su vida así que vayamos al grano, soy Adolf un gusto —dijo Adolf
estirando su mano derecha hacia él.
—Rein… Rein Stroff, capitán del séptimo
batallón a sus órdenes señor héroe —dijo Rein estrechando su mano con la de
Adolf como si un empleado estuviera saludando a su jefe.
—Como soy nuevo, me podrías
explicar cómo funcionan las cosas por aquí por favor Rein —dijo Adolf quien se cruzó
de brazos y pensó seguro va para largo esto.
—inmediatamente señor héroe,
sígame que tenemos que ir a la primera lección que es entrenamiento de
resistencia, en el camino le explico —dijo Rein con movimientos algo cortados aún
estaba nervioso al pensar que podría hacerle Beatriz.
En su camino Rein le explico a Adolf de forma
detallada y resumida como era el día a día de los barracones de principiantes,
llegaron hasta el lugar donde los demás estaban haciendo ejercicios de
elongación y calentamiento muscular, Rein con su vozarrón hizo que todos se
acercaran y les presento a Adolf “muchachos ya lo vieron antes, pero se los
presento él es Adolf el héroe del que tanto se ha estado escuchando en el
castillo los últimos días” a todos ellos les brillaron los ojos de ilusión, ya
sea por ver a alguien con un color inusual de cabello, su ojo algo peculiar, o
el simple hecho de estar cerca de alguien importante, le llovieron un montón de
preguntas como “¿De dónde vienes?” “¿Qué se siente ser un héroe?” “¿tienes
novia? Entre otras.
—Tranquilos que no puedo
responder a todo… —Adolf fue interrumpido por Rein que alzo la voz y regaño a
los demás.
—Cuando termine la lección
pueden hacer lo que quieran antes se las verán conmigo si siguen así de
indisciplinados.
—¡Entendido señor! —respondió la
mayoría, se dieron media vuelta a seguir en lo suyo.
—Son un poco infantiles, aunque
es normal a esa edad, por cierto ¿qué edad tiene señor héroe?
—Veintitrés —dijo Adolf sin
tomarle mucha atención a Rein.
—Ya veo… «se ve igual a esos niños que apenas tienen diecisiete y
dieciocho años, pero más entrenado» se ve que tiene entrenamiento señor héroe,
así que estas actividades no deberían ser problema ¿no es así? —dijo Rein
mientras miro sorprendido a Adolf.
—Ya veremos… «voy a dar pena como los grandes… y también lo he pensado,
pero por que le dicen barracón si es más como un edificio o instalación de
entrenamiento bah serán cosas de esta gente» —comento Adolf el cual estaba
observando con una expresión seria a los demás.
Rein hizo que todos formaran grupos de cinco
personas quedando cuatro grupos, para la actividad que tenía preparada, en el
grupo de Adolf se incorporó Marianette, y los tres chicos que conoció el primer
día que visito el barracón, Cecil la chica inquieta, Van el serio, y Hans el
amistoso era lo único que Adolf podía recordar de ellos.
—Hola joven héroe —dijeron los
tres en diferentes tonos.
—Escuche que tenía un problema
de salud ¿Qué tal se siente?
—Hola… seré directo, llámenme
Adolf, la gente que ha tratado de manera tan formal por último aquí podría ser
diferente —dijo Adolf y Marianette soltó una tímida risa.
—Seguro lo tienes difícil Adolf,
no sean tímidos chicos, aunque sea un héroe es simpático y agradable —dijo
Marianette juntando sus manos en la espalda y balanceo un poco las piernas.
—Hola Adolf —dijeron los tres
como niñitos siguiendo las ordenes de su madre.
—Marianette eres como una madre
—dijo Adolf el cual miro a Marianette.
—Después de cuidar tanto de
todos, talvez sea su segunda madre, ji, ji.
Rein le dio las instrucciones de la actividad
“un grupo a la vez, el grupo que menos tiempo le tome dar la vuelta completa por
miembro, se gana un punto para el siguiente examen de cada asignatura” oír eso encendió
la llama de la competitividad de todos, estaban motivados y listos para darlo
todo. Cada grupo hizo su carrera por la pista, Adolf estaba nervioso «ya nos va
a tomar» el último grupo en salir se llevó la delantera este sobresalió por su
líder un chico rubio un poco altanero en su forma de hablar quien corrió de
forma veloz e hizo el menor tiempo de todos.
—Ya nos toca Adolf vamos —dijo
Marianette, quien tiro del brazo de Adolf llevándolo hasta la pista.
Esa acción hizo que el chico rubio le clavara
una mirada de odio a Adolf por algún motivo y él se dio cuenta al mirar a los demás
«A ese chico le gusta Marianette ¿puede ser más obvio?» tomaron los turnos,
Cecil primero, Hans segundo, Marianette tercera, Adolf era el cuarto y por
último Van.
—Estas algo nervioso Adolf
—pregunto Van que estaba al lado de él dando pequeños brincos.
—Ya viene Marianette, ella es
rápida a pesar de su aspecto de chica hogareña, estará aquí en unos segundos «es
hora de destruir sus ilusiones» —dijo Adolf y este vio como Marianette se acercó
a él y toco su espalda en señal de relevo.
El corrió con todas sus fuerzas «lo puedo
hacer» aunque a los segundos y solo ir a un quinto del camino le llego la
puntada mortal en el abdomen «ya valí» siguió a un trote de mediana intensidad aguantando
el dolor y la pena de dar un patético espectáculo frente a esos chicos que
acaba de conocer, el dolor en el abdomen, la garganta seca, el ligero mareo por
el cambio de presión sanguínea, y el haber comido demás en el desayuno
confabulo en su contra, manteniendo las apariencias apenas pudo llegar hasta el
lado de Van quien corrió incluso más rápido que el chico rubio, el termino con
facilidad su vuelta y todos esperaron los resultados de boca de Rein.
—Por tres segundos de ventaja en
comparación del siguiente grupo con el mejor tiempo «señor héroe les dejo
ganar, que humilde» gano el grupo de Frederick Newgate, como se esperaba de un
hijo de la casa Newgate.
—Que puedo decir, solo un genio
le puede ganar a otro genio —dijo Frederick en voz alta luciéndose frente de los
demás.
—no importa lo importante es
participar ¿no es así chicos? —dijo Marianette inclinándose hacia adelante y
empuñando sus manos cerca de su pecho, intentando animar a los cuatro que se
veían algo tristes.
Rein
siguió con la siguiente actividad que era trote grupal, así que todos se
echaron a trotar en la pista durante quince minutos, Frederick se acercó a
Marianette pero esta estaba al lado de Adolf y los demás que habían formado
grupo, esto irrito a Frederick y en forma de comentario dijo al lado de Adolf
“que mal intento de héroe, seguro es un charlatán, no sé cómo le dejaron entrar
aquí” Adolf escucho eso y se aguantó el coraje de esas enjuiciadoras palabras
«ya lo hiciste pendejo, espera unos días o semanas, te hare morder el polvo, tu
no cuentas con el cuerpo que tengo, HA, HA, HA, ya he visto esto en varias
historias y no creas que te dejare hacerlo tuyo» Adolf lo miro y le asintió con
la cabeza y una mueca de sonrisa fingida.
Después de una agotadora lección aun le
quedaba mucho por terminar su día en el barracón a Adolf.
Gracias por
leer.

