jueves, 1 de junio de 2017

Abismo y eternidad - CAPITULO 11

Publicado por a.d a las 21:25



Abismo y eternidad: más allá de la existencia
(Borrador)
CAPITULO 11: Grupo A.
 Adolf después de volver a su habitación, fue a tomar un baño y dormir para el día siguiente seguir estudiando o eso quería hacer el. Durante la noche alguien con cuidado abrió la puerta de su habitación y le quedo mirando por un largo tiempo, antes de irse del lugar susurro “el tiempo dira si eres digno de ser llamado héroe” Adolf mientras eso pasaba dormía de manera placida en la cama era del tipo de persona con el sueño pesado.
 A la mañana siguiente Adolf siente que alguien le toca el hombro de manera repetida, hasta que logra despertarlo, él se levantó algo molesto “¿Qué paso? Déjame dormir un poco más” miro hacia un lado suyo y allí estaba Beatriz con su semblante serio, pero a la vez cautivador por su belleza “buenos días joven héroe, lo siento, pero desde hoy usted deberá seguir una pauta diaria que la princesa Mia le ha dejado, le espero en diez minutos en la cocina” el asintió con la cabeza, ella le hizo una reverencia y se fue del lugar.
                —Lo que me faltaba, me imagino me tendrán entrenando como un perro para ver si tengo material de héroe o algo así —dijo Adolf y suspiro por pensar en todo lo que se le aproxima, se levantó de la cama y se vistió—. «solo falta que me manden a una academia magia y la hacen, si pasa juro que quemo este maldito castillo, además ¿qué hora será? No tengo un reloj pediré uno, pero se ve que aún es muy temprano»
 Hizo su cama y partió hasta la cocina, al llegar a esta Beatriz lo esperaba y le pidió que lo acompañara, en eso ella le dejo un duplicado de las llaves de su habitación «ella es como si leyera la mente» pensó él. Fueron hasta una sala que estaba a un lado de la cocina, donde estaba lleno de sirvientas y mayordomos desayunando en unas grandes mesas, las cuales tenían una gran cantidad de alimentos, Adolf se le notaba como miraba con deseo la comida que había, toda la gente del lugar se levantó de sus sillas de inmediato Beatriz apareció y la saludaron de manera muy formal “buenos días jefa Beatriz, buenos días joven héroe” y siguieron en lo suyo “por favor joven héroe, siéntese al lado mío” le dijo Beatriz y ambos compartieron la mesa junto a los demás.
                —Me he enterado que tiene un buen apetito, así que coma todo lo que desee y preste atención a lo que tengo que decirle —dijo Beatriz, y tomo un sorbo de té de forma refinada.
                —Sí, le tomó la palabra —dijo Adolf, el intento comer de la forma más elegante posible pero sus costumbres le juraban en contra, ocupar el mismo cuchillo para todos los acompañamientos del pan, sin querer hacía sonar un poco la boca al tomar sorbos de té entre otros detalles que Beatriz solo observaba.
                —… como le decía desde hoy usted tendrá un plan de lo que hará en su día a día hasta que la princesa Mia lo estime conveniente, su horario será el mismo que seguirá será hoy, además lo acompañare a sus actividades por este día para que este al corriente de lo que debe hacer —dijo Beatriz que miro fijo a los ojos a Adolf.
                —Entiendo señorita Beatriz… «siento que si no le hago caso me va a golpear y no de manera muy agradable» —dijo Adolf algo atemorizado por la expresión seria de Beatriz que no se podía saber en qué pensaba.
                —Lo primero será venir aquí a comer con nosotros, después tendrá treinta minutos libres, segundo ira al barracón de los soldados principiantes y entrenará con ellos durante todo el día, así mismo seguirá las órdenes de los superiores que estén de turno en el barracón, tercero tendrá una sesión de estudio con alguien que ya he preparado con antelación en la biblioteca durante una hora, luego cenara con nosotros y tendrá lo que reste del día libre, ¿he sido clara? —comento Beatriz mientras veía como Adolf seguía comiendo como si no prestara atención.
                —Ya veo, recibió y enterado señorita Beatriz —dijo Adolf quien le sonrió con restos de comida en su mejilla.
                —… «no puedo decirle que se ve algo adorable así, parece un niño, debo guardar las apariencias eres la jefa Beatriz» —Beatriz guardo silencio haciendo una pequeña mueca con el labio—. Hemos terminado así que dentro de treinta minutos le espero en la entrada de los barracones ¿sabe cómo llegar no?
                —¡Así es! No se preocupe allí estaré, hasta entonces con su permiso estuvo todo delicioso gracias —Adolf se levantó de la mesa recogió la taza y platos que ocupe, pero una sirvienta le detuvo.
                —¡Joven héroe! No debe preocuparse por esas cosas yo lo hago —dijo una joven sirvienta que tomo las cosas que Adolf llevaba en las manos.
                —¿Eh? supongo que solo era la costumbre de dónde vengo, no es para tanto, si me disculpan —dijo Adolf quien se despidió de todos y se fue.
               —Es un chico bastante curioso, ¿no les parece? —comento Beatriz que siguió bebiendo otra taza de té.
 Después de su pequeña charla Adolf fue a estirar las piernas antes de tener un pequeño viaje al baño también él era del tipo de persona con ese tipo de fisiología, observaba los detalles por doquier en los pasillos del castillo, se preguntaba cómo era posible mantener un lugar tan enorme tan bien cuidado, siguió con su prevé paseo y se encontró a la vuelta de un pasillo a Marianette quien sostenía un par de libros en sus manos cruzadas en su pecho, ella sorprendida lo saluda con una hermosa sonrisa “hola Adolf ¿Qué tal te va?” el queda embelesado un momento por ella “eh… bastante bien podría decir ¿Qué haces por aquí tan temprano Marianette?” ella le comenta que los aprendices de soldado deben vivir durante el tiempo que están como aprendices en los dormitorios que hay en el castillo que son dos años.
                —Entiendo… es bastante tiempo, pero antes de entrar como aprendiz ¿Qué hacías?
                —Como todos iba a la escuela o academia, gracias a mis padres estuve la suerte de ir a la academia de magia en la ciudad, fue una bonita experiencia aprendí mucho je, je —dijo Marianette con una expresión de alegría al recordar.
      «Que linda chica» Es agradable encontrar a alguien que le guste estudiar, de hecho, yo era un universitario —dijo Adolf sintiéndose orgulloso de ese hecho.
                —¿uh? ¿Qué es universitario? —pregunto Marianette doblando un poco la cabeza y miro a Adolf con curiosidad.
                —¡Verdad! «en este mundo el termino es otro, tomare nota de esto» quiero decir era un académico de la tierra donde vengo.
                —Es raro, ya que apenas sabes leer y escribir nuestro idioma —comento Marianette tocándose la barbilla con el dedo índice y miro de forma leve hacia arriba recordando su anterior conversación.
                —No pensaras que estoy mintiéndote ja, ja, ja, de hecho, mi idioma natal es similar pero aún no me acostumbro a este, ¡ya se! ¿Tienes una pluma y algo de tinta? —dijo Adolf, proponiéndose a hacer algo.
                —¡si! Espera que esta en medio de mis libros la pluma, la tinta tengo un pequeño frasquito en mi bolsillo, ¿me puedes sostener mis libros un momento? —Marianette estiro los brazos con los libros en su mano hacia Adolf.
                —¿Acaso tengo opción? —Adolf encogió los hombros un momento y tomo los libros.
 Marianette le paso la tinta a Adolf y la pluma, Adolf le pidió prestado una hoja de sus libros, pero como no podían arrancarse de estos Adolf termino escribiendo algo en una de las hojas finales de un libro, se apoyó con la muralla para ello, y le entrego sus cosas a Marianette que volvió a estar equipada con sus libros.
                —¿Qué escribiste?
                —No sé, deberás adivinarlo esta en mi idioma natal para que veas que no miento, si lo logras descifrar te deberé un favor, te ayudare en lo que sea tiene mi palabra señorita Marianette —dijo Adolf, miro hacia arriba con los ojos cerrados por un momento y con un puño en su pecho.
                —ji, ji, ji, acepto el desafío, espero que te prepares para ayudarme ese favor lo cobrare acuérdate, creo que ya debo irme, seguro nos volveremos a ver Adolf hasta luego —dijo Marianette quien sonrió mostrando su hermosa dentadura mientras se inclinó de manera leve mirando a Adolf.
                —Claro, nos vemos Marianette —Adolf quedo observando a Marianette hasta que la perdió de vista—. Que risueña es esa chica «me parece tierna, es como ese tipo de mujer que dan ganas de abrazarla solo al verla» veremos si logra adivinar, se lo deje fácil de todos modos, ahora al baño creo que aún me queda tiempo, este cuerpo tan molesto que es en las mañanas.
  Después de su viaje a los aposentos de la limpieza salió silbando una canción «la marcha del maestro de la espada, algo así me vendría bien yendo a un campo de batalla, algún día ja, ja ,ja» y se dirigió al lugar donde se iba a encontrar con Beatriz, para su suerte en un pasillo encontró un reloj de madera colgado en una muralla, miro la hora cinco para las ocho de la mañana, pensó “así que a las siete me obligaran a levantarme a diario, que se cree esta gente, aunque con este cuerpo se supone que debo volverme más fuerte al pasar del tiempo, ver estado” Adolf siguió camino hasta la entrada de los barracones.
                —Que bien, solo por el hecho de existir subí algo de experiencia —comento Adolf de forma sarcástica—. Si… solo cero coma cinco, solo soy nivel dos si fuera un par de niveles más fuerte, ni me imagino cuantos decimales en forma de cero veré al lado de la coma.
 Beatriz estaba parada en la espera que Adolf apareciera a su espalda se apreciaba los barracones, el llego a su lado “señorita Beatriz llego antes” a lo que responde “solo me gusta ser puntual, por favor acompáñeme” ambos fueron hasta uno de los barracones a un lado de este a la distancia se podía ver jóvenes chicos y chicas trotando en pistas siguiendo a lo que pareciera ser un instructor o profesor.
                —Si no mal recuerdo estuve aquí mi primer día, pero me desmayé a los pocos minutos.
                —No se preocupe, ante cualquier emergencia tenemos un vasto equipo de especialistas en medicina y curaciones además estará por llegar pronto doctor Mark, por hoy tendrá que ir con el cuándo vuelva en unas horas más, olvide decirle eso, mis disculpas joven héroe —dijo Beatriz, levanto las cejas de forma leve y se inclinó en señal de disculpas hacia Adolf.
                —No tiene que ser tan formal conmigo, si quiere cuidar las apariencias cuando haya más gente le entenderé, por ahora le pido que sea más informal por lo menos ahora que no hay nadie alrededor.
                —Lo siento… es mi forma de ser así, pero si usted lo pide hare un esfuerzo, por ahora entremos joven héroe —Beatriz entro al edificio con Adolf, y saludo a Odelia la joven esposa de Alphonse.
                —Hola Beatriz, ¿qué te trae por acá? Uh joven héroe lo veo bastante bien ¿Cómo se encuentra? —pregunto Odelia, que estaba detrás del mostrador donde escribía algo en un libro de registros.
                —Buenas días Odelia, aun no tengo noticias de Alphonse, pero sí sé que se encuentra bien en Meria, he venido para que el joven héroe este en el último curso de entrenamiento del grupo A, ya te debió haber llegado el aviso.
                —¡Así es! Beatriz a veces das miedo es como si leyeras la mente de las personas—dijo Odelia, quien miro a ambos con la palma de las manos apoyada en su cara.
                —No es para tanto «siempre la gente me mal entiende, solo me preocupo por todos» es que recuerdo las necesidades de los demás y me adelanto es todo.
                —Espero que encuentres un buen hombre luego ¿Qué tal alguno de los comandantes o capitanes? —pregunto Odelia con una mirada picara.
                «Creo que estoy sobrando aquí»
                —La mayoría es un puñado de animales salvajes, aún tengo tiempo antes de encontrar pareja y casarme, no olvides a que he venido Odelia —dijo Beatriz, suspiro y cerró los ojos un segundo.
                —¡claro! Fallo mío, je, je —Odelia se golpeó la frente de forma tierna sacando la lengua un poco.
                «Pensé que eso solo lo hacían las jovencitas, si dijera eso muero aquí y ahora»
                —Veamos el grupo A el que está esperando a su instructor en la sala tres-seis —dijo Odelia, miro a Adolf que se veía confuso—. Tercer piso cuarta puerta a la derecha —susurro ella.
                —Nos veremos en un par de horas joven héroe, suerte —dijo Beatriz, ella intento sonreírle a Adolf, aunque el resultado fue una mueca, pero de alguna forma era cautivadora.
                —Sí, nos vemos señorita Beatriz «estas mujeres con sus sonrisas me van a matar, lo digo ¿es que solo hay mujeres guapas en Elementaria?» —Adolf subió por las escaleras que se encontraban a un lado de los pasillos de recepción.
                —Ya se fue, no me digas que te van los jóvenes ahora —comento Odelia, ella observo con una risa a medias y ojos maliciosos a Beatriz—. Aunque tiene un rostro algo infantil, si tuviera rasgos más duros como Alphonse, yo que tu voy por el ja, ja, ja, ja.
 Beatriz se sonrojo completa y se acercó hasta al lado de Odelia y le empujo el libro de registros y varios artículos del mostrador los disperso como signo de disgusto para luego irse del lugar “amiga, enserio es fácil romper tu caparazón” comentó Odelia que preparaba unos documentos para Adolf una vez ordeno el desorden que dejo Beatriz. En cuando Adolf fue observando el lugar, las instalaciones se veían bastantes simples, pasillos pintados de blanco con las cornisas de los muros con los mismos diseños que tiene el escudo de armas de Elementaria en miniatura, en cada puerta de robusta madera en la parte media superior un tenían un vidrio con el cual se podía ver una parte de la sala, y arriba de esta un pequeño letrero con el nombre de la sala, y el piso hecho de madera lamina de similar aspecto al piso flotante y uno que otro retrato de algún reconocido caballero estaba colgado.
 Siguió hasta el tercer piso, y fue hasta la cuarta puerta a la derecha, Adolf se sentía un poco ansioso era como si hubiera vuelto a su primer día en la universidad, la sensación de hormigueo en sus manos, la respiración un poco agitada, ese sentimiento de inquieto le molesto hasta que abrió la puerta. Una vez dentro de la sala se permaneció quieto unos segundos observando a su alrededor, veinte jóvenes entre ellos chicos y chicas, ordenados por cuatro filas de cinco personas, sentados en sillas de madera y con un pupitre del mismo material.
                —¡Adolf por aquí! —dijo en voz alta Marianette agitando su mano de forma amistosa, ella estaba en la primera fila al final de esta pegada a la pared.
 Algunos que estaban distraídos clavaron sus miradas en Adolf el cual se limitó a ir hasta el lado de Marianette, ella le pregunto qué hacia allí a lo que Adolf le responde “supongo que desde hoy somos compañeros” ella sorprendida junta los dedos de ambas manos y le dijo “pasaremos el doble de tiempo juntos, je, je, je” Adolf quedo confuso, pero después de pensarlo llego a la conclusión «entonces la persona que me ayudará con los estudios ¡será ella!» todos los demás seguían mirando expectantes por su conversación.
                —Oye Marianette, deberías seguir con nuestra conversación después, mira a todos ellos es muy incómodo para mí.
                —Está bien, pero no te preocupes por ellos son como mis hermanitos y hermanitas, siempre ando cuidando de ellos.
 Se escuchó la puerta abrirse y entro un joven adulto su apariencia se podría decir que tendría sobre treinta años, de mirada feroz, un poco corpulento, vestido con la misma ropa deportiva que Adolf y los demás.
                —Buenas muchachos, hoy tendremos una lección al aire libre, vayan hasta la primera pista detrás del barracón —dijo el hombre con tono imponente, y todos comenzaron a salir del lugar.
                —Marianette, bien hecho en los exámenes teóricos fuiste la mejor, sigue así.
                —Gracias, me seguiré esforzando —dijo Marianette y salió de las ultimas.
                —¡Tu un momento! No te conozco que haces aquí.
                —¿Acaso no le dijeron que yo vendría a este grupo? —dijo Adolf sintiéndose ofendido.
                —Espera… ese ojo derecho y color de tu cabello, tú debes ser… ¡mis disculpas señor héroe! —dijo el hombre, y este poco menos se puso de rodillas por su error.
                —¡Hombre tranquilo! No es para tanto, solo con saber que puedo estar aquí me basta.
                —Entendido, por favor no le diga nada de esto a la señorita Beatriz o me mataran —el hombre se veía bastante atemorizado por un mínimo error.
                —Es que acaso los torturan cuando se equivocan ¿o qué?
                —Usted no conoce a la señorita Beatriz, a pesar de verse como una bellísima dama refinada, era la segunda opción a convertirse en general del ejército de Elementaria, es demasiado perfeccionista y no tolera la incompetencia.
                —Está bien entiendo, no me cuentes su vida así que vayamos al grano, soy Adolf un gusto —dijo Adolf estirando su mano derecha hacia él.
                —Rein… Rein Stroff, capitán del séptimo batallón a sus órdenes señor héroe —dijo Rein estrechando su mano con la de Adolf como si un empleado estuviera saludando a su jefe.
                —Como soy nuevo, me podrías explicar cómo funcionan las cosas por aquí por favor Rein —dijo Adolf quien se cruzó de brazos y pensó seguro va para largo esto.
                —inmediatamente señor héroe, sígame que tenemos que ir a la primera lección que es entrenamiento de resistencia, en el camino le explico —dijo Rein con movimientos algo cortados aún estaba nervioso al pensar que podría hacerle Beatriz.
 En su camino Rein le explico a Adolf de forma detallada y resumida como era el día a día de los barracones de principiantes, llegaron hasta el lugar donde los demás estaban haciendo ejercicios de elongación y calentamiento muscular, Rein con su vozarrón hizo que todos se acercaran y les presento a Adolf “muchachos ya lo vieron antes, pero se los presento él es Adolf el héroe del que tanto se ha estado escuchando en el castillo los últimos días” a todos ellos les brillaron los ojos de ilusión, ya sea por ver a alguien con un color inusual de cabello, su ojo algo peculiar, o el simple hecho de estar cerca de alguien importante, le llovieron un montón de preguntas como “¿De dónde vienes?” “¿Qué se siente ser un héroe?” “¿tienes novia? Entre otras.
                —Tranquilos que no puedo responder a todo… —Adolf fue interrumpido por Rein que alzo la voz y regaño a los demás.
                —Cuando termine la lección pueden hacer lo que quieran antes se las verán conmigo si siguen así de indisciplinados.
                —¡Entendido señor! —respondió la mayoría, se dieron media vuelta a seguir en lo suyo.
                —Son un poco infantiles, aunque es normal a esa edad, por cierto ¿qué edad tiene señor héroe?
                —Veintitrés —dijo Adolf sin tomarle mucha atención a Rein.
—Ya veo… «se ve igual a esos niños que apenas tienen diecisiete y dieciocho años, pero más entrenado» se ve que tiene entrenamiento señor héroe, así que estas actividades no deberían ser problema ¿no es así? —dijo Rein mientras miro sorprendido a Adolf.
—Ya veremos… «voy a dar pena como los grandes… y también lo he pensado, pero por que le dicen barracón si es más como un edificio o instalación de entrenamiento bah serán cosas de esta gente» —comento Adolf el cual estaba observando con una expresión seria a los demás.
 Rein hizo que todos formaran grupos de cinco personas quedando cuatro grupos, para la actividad que tenía preparada, en el grupo de Adolf se incorporó Marianette, y los tres chicos que conoció el primer día que visito el barracón, Cecil la chica inquieta, Van el serio, y Hans el amistoso era lo único que Adolf podía recordar de ellos.
                —Hola joven héroe —dijeron los tres en diferentes tonos.
                —Escuche que tenía un problema de salud ¿Qué tal se siente?
                —Hola… seré directo, llámenme Adolf, la gente que ha tratado de manera tan formal por último aquí podría ser diferente —dijo Adolf y Marianette soltó una tímida risa.
                —Seguro lo tienes difícil Adolf, no sean tímidos chicos, aunque sea un héroe es simpático y agradable —dijo Marianette juntando sus manos en la espalda y balanceo un poco las piernas.
                —Hola Adolf —dijeron los tres como niñitos siguiendo las ordenes de su madre.
                —Marianette eres como una madre —dijo Adolf el cual miro a Marianette.
                —Después de cuidar tanto de todos, talvez sea su segunda madre, ji, ji.
 Rein le dio las instrucciones de la actividad “un grupo a la vez, el grupo que menos tiempo le tome dar la vuelta completa por miembro, se gana un punto para el siguiente examen de cada asignatura” oír eso encendió la llama de la competitividad de todos, estaban motivados y listos para darlo todo. Cada grupo hizo su carrera por la pista, Adolf estaba nervioso «ya nos va a tomar» el último grupo en salir se llevó la delantera este sobresalió por su líder un chico rubio un poco altanero en su forma de hablar quien corrió de forma veloz e hizo el menor tiempo de todos.
                —Ya nos toca Adolf vamos —dijo Marianette, quien tiro del brazo de Adolf llevándolo hasta la pista.
 Esa acción hizo que el chico rubio le clavara una mirada de odio a Adolf por algún motivo y él se dio cuenta al mirar a los demás «A ese chico le gusta Marianette ¿puede ser más obvio?» tomaron los turnos, Cecil primero, Hans segundo, Marianette tercera, Adolf era el cuarto y por último Van.
                —Estas algo nervioso Adolf —pregunto Van que estaba al lado de él dando pequeños brincos.
                —Ya viene Marianette, ella es rápida a pesar de su aspecto de chica hogareña, estará aquí en unos segundos «es hora de destruir sus ilusiones» —dijo Adolf y este vio como Marianette se acercó a él y toco su espalda en señal de relevo.
 El corrió con todas sus fuerzas «lo puedo hacer» aunque a los segundos y solo ir a un quinto del camino le llego la puntada mortal en el abdomen «ya valí» siguió a un trote de mediana intensidad aguantando el dolor y la pena de dar un patético espectáculo frente a esos chicos que acaba de conocer, el dolor en el abdomen, la garganta seca, el ligero mareo por el cambio de presión sanguínea, y el haber comido demás en el desayuno confabulo en su contra, manteniendo las apariencias apenas pudo llegar hasta el lado de Van quien corrió incluso más rápido que el chico rubio, el termino con facilidad su vuelta y todos esperaron los resultados de boca de Rein.
                —Por tres segundos de ventaja en comparación del siguiente grupo con el mejor tiempo «señor héroe les dejo ganar, que humilde» gano el grupo de Frederick Newgate, como se esperaba de un hijo de la casa Newgate.
                —Que puedo decir, solo un genio le puede ganar a otro genio —dijo Frederick en voz alta luciéndose frente de los demás.
                —no importa lo importante es participar ¿no es así chicos? —dijo Marianette inclinándose hacia adelante y empuñando sus manos cerca de su pecho, intentando animar a los cuatro que se veían algo tristes.
  Rein siguió con la siguiente actividad que era trote grupal, así que todos se echaron a trotar en la pista durante quince minutos, Frederick se acercó a Marianette pero esta estaba al lado de Adolf y los demás que habían formado grupo, esto irrito a Frederick y en forma de comentario dijo al lado de Adolf “que mal intento de héroe, seguro es un charlatán, no sé cómo le dejaron entrar aquí” Adolf escucho eso y se aguantó el coraje de esas enjuiciadoras palabras «ya lo hiciste pendejo, espera unos días o semanas, te hare morder el polvo, tu no cuentas con el cuerpo que tengo, HA, HA, HA, ya he visto esto en varias historias y no creas que te dejare hacerlo tuyo» Adolf lo miro y le asintió con la cabeza y una mueca de sonrisa fingida.
 Después de una agotadora lección aun le quedaba mucho por terminar su día en el barracón a Adolf.

Gracias por leer.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Sigueme en:

  • RSS
  • Facebook