El maldito
pozo de la redención
CAPITULO 2: Las cenizas del pasado.
Era de mañana creo que debió ser cosa de las
seis de la mañana, me sentía mareado y un poco desconcertado después de la
pesadilla de día que tuve, sentía que tenía un puñado de cenizas en mi boca, mi
espalda estaba pesada y mis ojos solo miraban hacia el suelo de madera del
lugar.
Ese día vino a mi mente una sola cosa que
deseaba y esa era ver mis manos ensangrentadas en la inmunda sangre del
gobernador y sus sucios perros que vendieron su alma al demonio, atacando a su
propia gente, si hay algo peor que un criminal de la peor calaña ese es un
bastardo que mata a quien prometió proteger con su vida.
El dolor de mi alma se apaciguó un poco al
tener ahora una misión, la cual es deshacerme de cada asqueroso e inmundo perro
que mato a civiles inocentes por capricho de un maldito enfermo.
Mi mente estaba clara, estos dos días son para
reevaluar mis prioridades, sé que no servirá de nada llorar por los muertos en
este punto pero como ser humano es inevitable no sentirme destrozado, desearía no
sentir ninguna emoción justo ahora, debo recuperar fuerzas para la batalla próxima.
En la mesita de noche que había junto a la
cama, había un uniforme militar igual al que estuve utilizando, sentado a la
orilla de la cama lo mire con cuidado, estaba bien planchado, tome la chaqueta
y la plegue me parecía familiar y había una sola insignia en la zona del pecho,
era una medalla algo gastada con un nombre grabado en ella, sorprendido me di
cuenta era el nombre de mi padre.
Sentí la puerta abrirse con mucho cuidado como
si el que abría esta no quisiese despertarme, y en la habitación entro el
anciano esta vez vestido con el mismo uniforme militar, lo mire impresionado el
con solo ver mi expresión se dio cuenta lo que yo quería saber en ese momento,
se acercó a la ventada de la habitación, me dio la espalda y me dijo con un
tono nostálgico “muchacho yo conocí a tu padre, es más yo fui quien le enseño
todo lo que sabía, lo consideraba como a un hijo, te debes preguntar por qué
tengo ese uniforme ¿no es así?” con una voz de impaciencia le respondí de
inmediato “así es” me conto como él fue amigo de mi abuelo y consiguiente me
dijo muchas cosas de padre que desconocía.
Se explayo por bastante tiempo, me pareció que
el necesitaba desahogarse de alguna manera y quien mejor que yo la sangre de
quienes fueron su pupilo y mejor amigo.
Después de una hora termino de hablarme sobre
las historias de padre y abuelo, vi su arrugado rostro sereno, parecía que
todos sus pesares desaparecieron después de esa extensa charla “joven Edwin si
estás preparado ven detrás de la casa tengo algo que enseñarte” ahora parecía
bastante serio que será lo que tiene en mente este anciano.
Me cambie al uniforme de padre eso me hizo
sentirme de alguna manera seguro de mí mismo, tome la boina vieja acomode mi
cabello hacia atrás y me puse aquella boina que seguro debió resistir numerosos
enfrentamientos, al salir de la habitación me encontré con la anciana me hizo
algunas señas y capte que ella me estaba diciendo que una vez termine los
asuntos con el anciano viniese de vuelta a desayunar con ella.
Salí por la puerta trasera que tenía la casa en
las afueras, donde solo se veían arboles de pino y su podía oler su característico
aroma, la fresca brisa mañanera acariciaba mis aun irritadas mejillas, sentado
en un tronco cortado se encontraba el anciano mirando hacia el bosque tocando
una armónica, aquella melodía se me hacía familiar pero no podía recordar a que
era.
Me acerque al anciano y delante de este había
un baúl de mediano tamaño hecho madera, le pregunte “ya estoy aquí ¿ahora qué?”
a lo que me responde dejando de lado la armónica “joven Edwin abre ese baúl, la
mejor manera de combatir a un demonio es volviéndote uno” no entendí esas
palabras hasta que abrí el baúl.
Quede impactado al abrirlo en él se encontraba
un fusil esa misma arma que acabo con la vida de miles de personas incluyendo a
mis camaradas y padre, tuve sentimientos encontrados, pensar que tendré que
aprender a ocupar este artefacto para poder cumplir mi meta, al cabo de unos
momentos asimile todo mientras el anciano me miraba en silencio.
“La templanza no es la virtud es la ¡virtud!
que debes dominar para ser un soldado capaz de enfrentarse a cualquier
obstáculo, recuerda esto” sé a qué se refiere pero en mi estado es imposible
conseguir la calma frente a uno de esos perros “ser frio y consiente de tu
entorno aun en la ejecución de las tareas más crueles te volverá el soldado
sobre los soldados, el camino que recorrerás ahora está cubierto no de espinas
si no filosas espadas envenenadas del más doloroso veneno que en todo momento
te atormentaran, te daré la última palabra joven Edwin, puedes salir del país y
encontrar una nueva vida aun eres muy joven y talentoso o tomaras la capucha
negra de la muerte y su guaraña de desolación”.
No es
necesario que preguntaras anciano, sin mi Erika y mi hijo además de mi amada familia
no queda nada a lo que aferrarse en esta vida, hare todo lo necesario incluso
dejar mi humanidad con tal de apaciguar esta ira y tristeza que me está consumiendo.
Si he de mirarme en el infierno junto a esos
asquerosos bastardos que así sea con gusto los atormentare en las llamas del averno
ni el propio lucifer me impedirá seguir destrozándolos después de la muerte.
“Anciano ya sabes la respuesta de aquel que le
fue arrebatado todo” el solo suspiro y comento “tuve la suerte que mi esposa
está hasta el día de hoy sana y salva, seguro debes envidiarme, puede que eso
haya sonado muy altanero de mi parte” en verdad me hubiera encantado vivir una
larga vida pacifica junto a mi Erika e hijo pero así es el destino, caprichoso
y cruel.
Solo me limite a guardar silencio de pie, la
determinación que tenía en esos momentos se reflejaba en mis ojos, con un solo
un vistazo el anciano se percató y siguió hablando “este fusil es la última
versión de su tipo, desde hace dos años que comenzaron a fabricarlo en masa en
los países de la frontera, es por eso que desde un lugar tan alejado nadie
pensaría que algo así llegase hasta este país tan recóndito, no perdí el tiempo
y los estudie a fondo desde ese entonces, a ustedes los engaño el gobernador
haciéndoles creer que serían los primeros en poner sus manos en tan poderosa
arma” con que así son las cosas eso solo hace que mi odio hacia ese cerdo
crezca mucho más.
“Adelante toma ese fusil con cuidado” saque
del baúl el fusil y lo tome con precaución, esta arma de fuego de cañón largo
de acero, tenía su peso no era algo que cualquiera podría cargar durante mucho
tiempo sin un previo entrenamiento militar, en su gran mayoría estaba hecha de
madera tallada a mano y acero moldeado entorno a esta, con una correa de cuero algo
gruesa y resistente para poner llevarla con mayor comodidad, el cargador tenia
alojado cinco balas hechas de acero, en la punta de cilindro donde era
disparado el proyectil tenía una especie de aletilla de acero en forma de un
ovalo abierto la cual era la mira para apuntar contra el objetivo también
conocida como ojo del tirador, a diferencia de los planos y la información que
manejábamos de estas armas hay un mundo de diferencia no eran ni la sombra de
lo que pensaba.
“Esta es tecnología traída desde otro
continente, el mundo es un enorme manojo de misterios joven Edwin, aun para
este viejo hombre no hay día que no aprenda algo nuevo” después de ver la arma
a detalle, el anciano la tomo prestada y me dio una demostración de su poder.
“Ves a ese conejo de allí, el será tu almuerzo
y mi objetivo” el peludo animal estaba a unos cien pies de distancia de
nosotros, el ocupo su viejo bastón como soporte para apuntar hacia la indefensa
criatura, de oyó un estruendo salir del fusil que retumbo por todo el bosque,
gire la mirada hacia el anciano y cuando me volví a ver al conejo había un gran
manchón de sangre en el suelo, me acerque a ver el resultado de lo que puede
hacer una sola bala de esta arma.
Llegue al lado del suceso, me agache para
apreciar al detalle y lo que se suponía debía ser el cráneo del animal era solo
un montón de carne desparramada en una pequeña área del lugar, aun movía de
manera leve sus patas por reflejo eso me incomodo, “trae ese animal hacia acá” la
bala dio de lleno en medio de los ojos de la blanca criatura y en ese estado
quedo, el daño que puede ocasionar es en extremo letal, si me llegase un
disparo en algún lado del cuerpo seguro ni en toda una vida podría recuperarme
de tal daño.
No había forma de tomar el cadáver del conejo
sin dejar un camino de sangre al volver donde el viejo hombre, como pude lleve
esa carne muerta entre mis manos, me puse a pensar que el anciano aun no me ha
dicho su nombre, incluso me contó la historia de su vida sin nombrarse a sí
mismo o su esposa.
Cuando volví a su lado dejando una pequeña
estela de sangre por el trayecto, le pregunte curioso cuál era su nombre, él
sonrió como si fuera cuestión de tiempo hasta que le preguntara, “Astael
Murtius” su nombre me dio algo de repelús, me dijo que dejara al animal en un
pequeño pocillo de greda que tenía junto a él “Desde ahora comenzara tu
formación y todo lo que debes saber de esta mortífera arma en tu estadía aquí”.
Gracias por leer.


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