lunes, 14 de noviembre de 2016

El maldito pozo de la redención - Prólogo

Publicado por a.d a las 0:26


(Capitulo piloto) 

 No sé, si fue un acto divino o solo una maldición que salió mal, antes que todo empezara yo solo era un viejo y arrepentido ser que buscaba el perdón en un pueblito rural de algún lado de ese país al cual serví con toda mi devoción.
 Mis días se resumían a impartir las creencias por las cuales yo daba mi vida, la justicia en ese entonces fue lo más sagrado que tenía, era mi razón de ser por el cual despertaba cada mañana, a la cual servía sin preguntarme ¿Raymond Weigel vale la pena mancharse las manos con este rojo carmesí? 
 Estaba en lo más alto, era quien decidía quien vivía y quien moría, nunca ni una sola vez me temblaron las manos al dar una sentencia, no importaba quien fuese, niños, niñas, jóvenes, mujeres, ancianos, a mis ojos todos eran igual de culpables, la agonía que tenían sus miradas, el rencor, el odio, la desesperación, ni una sola vez di un paso hacia atrás.
 Esta era mi vida, esta era mi justicia, por la cual yo luche décadas para descubrir que todo fue un vil engaño, ¡no! no es verdad solo era mi autocomplacencia que me decía que no era culpable, sino una víctima más de este agónico gobierno al cual serví toda mi vida, pero solo fueron escusas de un viejo loco que no admitía ser solo un monstruo con piel humana.
 Ya no tenía razones para vivir pero este es mi karma, es la cruz la cual llevare el resto de mis días, mientras me miro al espejo y veo solo un patético hombre que se asquea con su patético reflejo de culpa, me pregunto, si volviera a comenzar, ¿podría lavar mis horrendas manos teñidas del color de la muerte con el agua de la expiación?
 Todo lo que queda es un delgado cuerpo, que día a día se arrastra con una falsa sonrisa, que ayuda sin recibir nada a cambio, solo para aliviar el asfixiante dolor llamado conciencia.
 Desde niño fui criado para ser un hombre justo, valeroso, talentoso, leal a sus ideales, mi hogar era el de una familia militar, la cual mi padre era el quinto en la línea sucesora, Edwin Weigel así se llama mi modelo a seguir, siempre con la vista en alto, con si pelo corto casi rapado, su roja boina, su traje militar el cual mostraba con orgullo a todos sus logros reflejados en tantas medallas con podían colgarse en ese traje.
 Siempre fui un niño obediente, disciplinado, como el primogénito debía ser el orgulloso de mi padre, cada enseñanza de mi padre quedo en mi memoria para siempre hasta el día de hoy, que estoy bañado en cabellos blancos recuerdo con cariño todo, a veces imparcial a veces cálido, así era mi padre al cual solo quería que dijera con la frente en alto y mirada orgullosa, ese es mi hijo.
 Mi madre Lidia Meister, fue tan tierna, amorosa, su cabello rizado y castaño, ojos pardos, siempre vestida con algún elegante vestido, era como si el tiempo no pasara en mi madre, como ella ninguna mujer vi en mi vida hasta que conocí a cierta persona,  su regazo siempre estaba para mí cuando estaba triste, me pregunto por qué hoy en día no hay mujeres así de resplandecientes y bellas como ella, a pesar de ser su único hijo, nunca tuvieron planes de darme un hermano o hermana me pregunto si mi camino sería diferente con un hombro al cual apoyarse.
 Toda mi niñez fue divertida, aprendí tanto de padre y madre, en esa gran mansión, rodeado de sirvientes amables, después en mi adolescencia con mi cuerpo en desarrollo, me enfoque aún más en mi camino de ser un impecable militar como lo era padre, no sé en qué momento comencé a perder de manera gradual toda la empatía.
 Ingrese a la academia militar de nuestro gobierno, allí solo se aceptaban a hijos e hijas de la elite, pase seis largos años allí dentro conocí a un montón de personas, y encontré a la chica perfecta, Erika Bluegarden, como su nombre era la rosa más hermosa, preciosa, bella, del mundo, su largo y liso cabello dorado, esos brillantes ojos azules, su esbelta y delicada figura, y esas pecas en su pequeña nariz, que hacían juego con su radiante rostro.
 Era la dama perfecta a toda regla, no había mujer en el país o el mundo que se comparara su elegancia, juntos comenzábamos a escalar a paso de tortuga los escalafones de la milicia, nuestros primeros años fueron difíciles ya que nuestro tiempo juntos era muy limitado pero aun así, teníamos nuestros encuentros donde dejábamos salir todo ese afecto acumulado día tras día pensando el uno del otro.
   Así pasaron los años, ya era todo un hombre de veintisiete años, mis esfuerzos y talento innato me llevaron a esa corta edad en la milicia al rango de coronel, solo estaba a cinco pequeños escalones de volverme el general del ejército del país de Britalia, era un país bastante prospero, lleno de vegetación, sus tres fuertes eran la minería, la armería, y su poder militar, pese a que aún se estaban desarrollando nuevas tecnologías, aun en el campo de batalla se combatía de la manera tradicional, el cual era a espada, recién era una idea incorporada que estaba en pañales, pero iba a ser la arma que revolucionaria al ejército, llamada por los especialistas un arma de fuego o como se conocía por el alto mando como fusil.
 Pasaron seis meses y el actual gobernante estaba en cosas demasiado sospechosas, mis superiores solo eran sobornados para así cerrar sus corruptas bocas, yo no podía tolerar tanta hipocresía, el país poco a poco empezó a hundirse en una depresión tanto financiera como social, ese hermoso país al cual llevara años sirviendo estaba empezando a parecerse a un podrido pantano lleno de sapos carcomidos por el poder.
 A pesar de mi rango, solo era otro perro faldero para ellos, nadie tenía intenciones de cambiar todo esto en el alto mando, sabía que si hacia alguna cosa Erika seria quien sufriese por mis osadías, padre mientras tanto estaba atado de manos y pies aun siendo general de división sus superiores lo opacaban con sus actos despreciables, tanto el como yo sabíamos que un paso en falso y nuestra familia seria asesinada a sangre fría por esos malditos perros.
 Dos meses después, Erika estaba embarazada, solo tenía un mes de embarazo, ella sonreía tan feliz por el hecho que pronto seriamos una familia de tres, el mes siguiente nos casamos, y compramos una residencia cercana a la mansión de mis padres, era una gran casona algo vieja pera nada que una buena remodelación no pueda hacer, aunque el trabajo me tenía estresado por ver tanta inmundicia, mi rayo de luz Erika y mi futuro hijo o hija, hacían que mis días se tornaran de ese oscuro gris a un soleado amanecer.
 Tres meses aun pasado ahora, y lo que comenzó como una corrupción en cadena, era una colosal bola de nieve que iba en picada la cual no tenía intenciones de detenerse hasta chocar y destruir todo a su paso, uno de mis compañeros el cual era capitán, hizo público todos los males que estaban haciendo a las espaldas de los ciudadanos, y con ello los ciudadanos que estaban más que hartos con la situación actual del país donde la hambruna y desempleado era algo recurrente, su pan del día a día , no dieron más y estallo una guerra civil.
 Era el momento de volver al lado correcto, mi padre y yo nos hicimos a las armas, y ayudamos a los ciudadanos en esta contienda, juntos a centenares de nuestros subordinados, poco a poco nos abrimos paso hasta llegar al palacio donde estaba el actual gobernante del país, pero allí estaba la mayoría de nuestro ejército, esos perros traidores no luchaban por su país y su gente, solo por sus asquerosas ambiciones.
 Pero mi padre y yo no dimos un paso atrás es más con todo lo que teníamos dimos una lucha que duro horas al lado de nuestros camaradas y ciudadanos, pero fue demasiado tarde cuando pensábamos que habíamos ganado no era sino que el comenzó de nuestra desesperación, esa arma experimental nunca estuvo en desarrollo, ya estaba siendo distribuida a países extranjeros, después de numerosas bajas en ambos lados, llegamos hasta el salón del gobernante dentro del palacio, solo era cosa de ver al gobernante mirarnos con cara de desprecio y una estúpida sonrisa condescendiente, el hedor de la sangre se podía sentir por todo el lugar.
 Mi espada manchada de la sucia sangre de los corruptos, estaba deseosa de cortar la carne de esos viles tipos, pero su formación en el lugar era extraña, siendo que eran cientos de soldados tenía algo extraño en su actuar no se abalanzaron sobre nosotros, eso me preocupo ya que nuestro número se había diezmado, pero éramos la elite y cada subordinado mío, valía por tres hombres o más, mi padre el cual estaba a un lado mío con una expresión llena de odio hacia ellos, era entendible años se tuvo que mantener callado para proteger a madre, como a sus subordinados y familias.
 Este era el momento del cambio, mi padre cegado por el odio dio la señal y se dirigió contra ellos, pero el gobernante hizo una seña con su mano, la formación de ellos se abrió dando paso a soldados hincados en el suelo sujetando los fusiles que todos creíamos que eran más que un invento a medias aun, y de aquellas armas se escuchó un estruendo como nunca antes en mi vida, de sus manos salía un humo gris con cada letal sonido que hacían esas armas.
 Nuestras fuerzas caían como moscas, no teníamos tiempo para reaccionar, yo me encontraba paralizado por sus extrañas armas, padre lo primero que hizo al ver lo que sucedía fue correr hacia mi lado y se lanzó sobre mi cubriéndome con su cuerpo, los gritos de dolor y terror de todos nuestros subordinados con los ciudadanos era un escenario como el infierno, con cada ataque los soldados enemigos, había pequeños agujeros en la carne de mis aliados los cuales o cayeron en un mar de dolor o morían en el acto.
 Mi cuerpo no reaccionaba ante tan aterradora fuerza, padre solo tomo mi cara y la abrazo contra su pecho cubierto de medallas ensangrentadas y me dijo “hijo mío, cuida de tu madre y tu mujer, perdóname no podre ver a mi nieto” sus ojos rojos y llorosos caían lágrimas de dolor y frustración, de su boca brotaba tanta sangre como para llenar una gran vasija con esta, su rostro comenzó a volverse pálido, sus ojos lentamente se fueron cerrando, cayo deslizando sus dedos por mi cara, tumbándose en seco en el lugar.
 Estaba en shock, ver morir a mi padre frente de mi era algo que no podía asimilar, ese gran hombre, tan amable, tan honrado, tan humano, se fue para siempre, dejando a mi madre sola por el resto de su vida, si mi dolor era tan asfixiante, no podría imaginar como madre se sentiría al saber de esto, no creo que ella pueda con esto, padre era su todo.
 Escuche mientras miraba el cuerpo de mi padre “alto el fuego, arresten a todos los sobrevivientes” esos perros comenzaron a amarrar con sogas las manos de todos los que por el destino sobrevivimos en el lugar, me golpearon varias veces en la cara antes de atarme las manos, mi cara ardía de dolor u odio no lo sé, solo quería matar al bastardo del gobernante, maldita basura mal parida juro que tomare tu vida algún día, mi preocupación estaba enfocada en Erika, después me llevaron a un calabozo en el cual estuve durante una semana, donde solo comí engrudo de avena que sabía a mierda y agua.
 Pasaron los días en esa fría y tenebrosa celda, donde solo podía ver la tenue luz de las antorchas colgadas por todo el pasillo, escuchando los gritos de todos aquellos que eran torturados en el lugar, a veces el sollozó de los prisioneros, o los golpes que se daban ellos mismos al punto de matarse la mayoría de veces para no ser torturados otra vez.
 No me hicieron nada durante ese tiempo, quien sabe, será por mi rango en el ejecito o solo por capricho de ellos, el pensamiento de saber que le puede pasar a Erika me quitaba el sueño la mayoría del tiempo, hasta que un día aparece el hijo mayor del gobernante y me pregunta con mirada de duda “¿eres el hijo de Edwin Weigel?” solo lo mire y asentí con la cabeza.
 El pidió que me sacaran del lugar atado de manos, me susurro al oído en un momento que los soldados no estaban cerca de mí “te tengo dos noticias, pero solo podre decirte la mala al lugar que vamos, y no me odies por que no fui quien hizo esto, sino mi padre” salimos del calabozo y caminamos bastante tiempo, iba pensando en la muerte de mi padre estaba tan triste pero como su hijo, a él no le gustaría que llorase por su partida, madre y Erika me tenían de los nervios, sin saber nada de ellas durante una semana.
 Mientras caminábamos el hijo del gobernante junto a dos soldados armados con fusiles, me conto que mataron a los familiares de todos los involucrados con la guerra civil, eso me helo la sangre, me convencí a mí mismo que ellas estarían a salvo de alguna forma para no perder la cordura en ese momento, el país comenzó a perder poder por este motivo, ya que el conflicto se expandió por todo el país no solo la capital donde estábamos, pero gracias a los fusiles, esas endemoniadas armas a distancia, pudieron repeler con facilidad a todo aquel que se opusiera, pero llevarse la vida de cientos de miles solo hizo el foso en el que estaba el país aún más profundo.
 Llegamos hasta la mansión de mis padres, el solo me dejo ir dentro del lugar sin más, los soldados no dijeron una palabra solo estuvieron de pie, entre al lugar donde la puerta estaba abierta y bastante dañada, pensamientos trágicos pasaron por mi mente, seguí caminando hasta el comedor de la mansión donde estaban todos los empleados cubiertos con una bolsa para papas sobre sus cabezas, estos estaban tirados en fila por todo el lugar con un agujero en sus cabezas, el piso tenía un manchón gigantesco de sangre, aun con las manos atadas me decidí por sacarle la bolsa a una de las sirvientas que está más cerca mío.
 No sentía un hedor a podredumbre esto no paso hace mucho tiempo, angustiado le saque rápido la bolsa de un tirón con ambas manos, y para mi sorpresa vi la expresión de sufrimiento de ella, tenía la lengua cortada, por Dios malditos perros inmundos que han hecho a gente inocente, tenía sus ojos abiertos como si fuesen a salirse en cualquier momento, y por respeto cerré ambos ojos con mis manos, hice una pequeña oración por todos ellos, ya que eran muy creyentes de Dios.
 Esta sensación de incomodidad otra vez, me hacía sentirme ahogado pero continúe y subí hasta el segundo piso donde se encontraba el cuarto de mis padres, la puerta estaba entreabierta, me apresure en entrar de golpe y vi a mi madre colgada del cuello sujeta al candelabro de la habitación, su hermoso rostro, no era otra más que una hinchada y purpura cara llena de un camino de lágrimas, lo podía notar por el rojo de sus ojos y esas líneas como si sus lágrimas le hubieran quemado la cara.
 No pude aguantar más, y vomite en el lugar, maldición entre llanto y vómitos seguí así por unos minutos en esa mezcla de mocos que salía por mi nariz, hasta que volví a mis cabales pero temblando de miedo porque no solo padre sino madre se habían ido de mi lado, me sentía tan desamparado era como si fuese el ultimo ser humano en el mundo, fui rápido hasta la cocina la cual estaba poco menos destruida, por lo que parece no se dejaron atrapar por las buenas, una lástima por todos, me sentía tan impotente en ese momento.
 Todos los que conocía se había ido de mi lado por un error o solo por nuestra ignorancia, busque por el lugar hasta que había encontrado un cuchillo lo bastante grande para cortar esa soga que cuelo de madre, volví a la habitación, me arme de valor y corte la soga, ella estaba colgando casi a la altura del piso así que con estas ataduras no me fue muy dificultoso, la tome con cuidado y la deje en su cama, la tape por completo con una de las sábanas blancas y le iba a dar unas últimas palabras, pero algo me llamo la atención.
 En la mesita de noche a un lado de la cama había una carta, la cual estaba cerrada y decía, para mi amado hijo Raymond Weigel, abrí el sobre de la carta y comencé a leerla, esa elegante  preciosa escritura sin duda era de mi madre.
 Mi pequeño Raymond, supe la trágica noticia que tu padre había muerto en su deber, no me lo podía creer, según el reporte que me llego del ejército había sido asesinado por un ciudadano, apuñalado por la espalda, sé que es mentira, él me contaba todo lo que hacía nunca le gusto mentirme, a pesar de todo yo le apoyaba, y sé que el mismo ejercito debió asesinarlo por sus propios intereses, si el no volvía a casa siempre me lo hacía saber. Así que puedo dar por hecho que a partido antes que yo al cielo, sé que esto solo es una distracción y pronto vendrán por la gente de la mansión y por mí, pero no les daré el gusto de asesinarme, antes de que eso pase tomare mi propia vida, sé que él me dijo que fuera fuerte ya que esto podría suceder en cualquier momento por su trabajo, pero yo… soy débil tan débil que sin él no podría seguir en esta vida, no sabes lo mucho que me duele esto, y por favor si llegases a leer esto, cuida de Erika y mi nieto, cuando llegue tu tiempo nos veremos en el cielo, perdóname hijo, mi precioso niño TE AMO. 
 Tonta, si ya me sentía tan mal ahora solo abres mi herida con esto, tonta madre piensa un poco en mí, ojala no sintiera nada, porque todos son tan egoístas, no piensan en la gente que dejan atrás, ¡maldición! Le di un par de patadas a la muralla de la frustración que sentía en ese momento, y seguí llorando a los pies del cadáver de madre, con los ojos irritados de tanto llanto seguido, me levante descubrí el rostro de ella, y le di un beso en su frente y me despedí para siempre de mi amada madre, la volví a tapar y me fui de la habitación.
 Salí de la mansión a un paso tan desganado que parecía un cojo, el hijo de ese bastardo estaba afuera parado mirando hacia la calle, me acerque a él y me dijo con la mirada de arrepentimiento “lo siento, pero necesito mostrarte estas cosas, para que entiendas la gravedad del asunto, una parada más, para que me des una repuesta a la pregunta que te hare después” caminamos calle abajo, ya sabía hacia donde nos dirigíamos estaba en estado de negación, mirando hacia el cielo sin expresión alguna.
 Llegamos era mi casa, la cual había remodelado hacía nada, el hizo lo mismo, se quedó parado afuera del lugar, pero le pregunte algo que me pareció raro “¿Dónde están los soldados de antes?” el solo me respondió “no te preocupes por los aliados, ve” era raro que aún no me haya desatado las manos en ese caso, porque no se me ocurrió aflojar esta soga con el cuchillo de antes, tantas cosas han pasado que ya no pienso de forma correcta.
 Entre a mi casa, nuestra habitación estaba al fondo, era la última habitación, Erika insistió tanto en comprar la cuna aun cuando estaba a mitad del embazado, me dijo “pintemos las paredes de un color agradable, quiero que esté con nosotros todo el tiempo nuestro bebe, quiero salir de paseo juntos con nuestro niño o niña, si es niño le llamaremos Reinhard o si sale niña Elisabeth, quien iba a pensar que tú y yo nos casaríamos y tendríamos un hijo, tu que eres tan orgulloso, a veces tan enojón, y otras tan tierno, siempre doy las gracias por haberte conocido mi amor, Raymond, Raymond, Raymond, Raymond, Raymond, Raymond” recuerdos de ella me inundaron.
 Todas esas cosas se me vinieron a la cabeza al abrir la puerta de nuestra habitación, lo sabía pero no quería creerlo, esto fue lo último que recuerdo de mi antiguo yo, la edad nunca cerrara estas heridas, me gustaría volver en el tiempo y evitar todo esto, volver y ser alguien mejor, volver para redimir mi alma, yo solo quiero volver a verte sonreír una vez más Erika mi amor. 
 Observe como toda la habitación estaba destruida, las paredes rasgadas llenas de cortes, la cuna hecha pedazos esparcida por el lugar, la cama ensangrentada, y mi Erika muerta en medio de nuestro cuarto, estaba boca arriba, tenía un disparo en medio de su cráneo, sus ojos estaban desorbitados, tenía varias puñaladas en su rostro, espuma salía de su boca, cortes en ambas muñecas y en sus talones, lo peor de todo lo que me hizo hervir la sangre como si fuese el mismo demonio en persona, fue ver el vientre de Erika lleno de heridas de espadas, Dios mío como debió sufrir mi amada, apreté tanto mis dientes que juraría que los oí trisarse, mis cejas las sentía tocar mi boca, mire mis puños y los vi cubiertos de mi propia sangre, mi respiración era tan fuerte que me raspaba los pulmones, no aguante y grite tan fuerte lleno de odio que el sujeto este vino corriendo asustado.
 Caí de rodillas frente a ella, mis lágrimas ahora no podían parar de fluir, abrace muy fuerte el vientre de ella, puse mi oído, imagine que aun podía escuchar los pequeños golpecitos que creí oír cuando hacia esto, ya lo había perdido todo, mi familia, mis subordinados, mi amada, mi hijo, mi vida.
 El tipo se veía casi tan triste como yo, miro hacia un lado y salió fuera de la habitación y me dejo solo con Erika y mi hijo una última vez, no sé qué pensar, no sé por lo que vivir ahora, tenía un único deseo el cual era volver infelices a todos los demás, si yo estaba sufriendo que todo el mundo comparta mi dolor, así fue como nació ese hombre que sería llamado la bestia ejecutora de Britalia.
 Sentí mis ojos tan secos que podrían romperse con solo tocarlos, me dolía mi cabeza, mi garganta estaba reseca, no sentía latir mi corazón, talvez en ese momento morí como humano, tome un pañuelo de tela de la mesita de noche que estaba en un cajón de esta, y limpie la boca de Erika, cerré sus ojos, y estaba por irme y no volver a verla nunca más, la bese por última vez al igual que a su vientre, solo dije “hasta pronto mis amores” Salí de mi casa, no podía sentir nada, solo este odio que estaba quemando mis entrañas.
 El tipo este se acercó a mi lado, me vio con miedo de frente y me pregunto “¿estás dispuesto a cambiar este país?” no dije una sola palabra, pero él pudo saber con solo darme un vistazo a los ojos cual era la respuesta, él me dijo “sígueme hay mucho por hacer” me desato las manos, y partimos hacia algún lugar, mis pasos se sentían tan ligeros, era como si algo en mí se hubiera ido para siempre, en un escaparate de una tienda vi mi reflejo, y no pude reconocerme esa mirada no era la de un humano sino la de un monstruo que este país creo, el monstruo que tenía pensado arrancarle la garganta de un mordisco a este sucio, inmundo, asqueroso, y vomitivo país, para regocijarse mientras agoniza desangrado.


NOTA: Este solo es un capitulo piloto, por mi parte aún estoy trabajando con abismo y eternidad, si se diera el hipotético caso que gusta mucho, podría seguir con esta historia.
Prólogo Fin. Gracias por leer.

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